Ataques de pánico

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Hace pocos días, mientras estaba sentado en la sala de espera de VivaAerobus,  verdaderamente comencé a sentir que iba a morir en cuestión de segundos y que no habría siquiera tiempo de llamar a la ambulancia. Fue un momento bastante incómodo, ya que llegué a pensar que nunca volvería a ver a  mi familia.

En ese momento pedí ayuda inmediata al personal de la aerolínea, quien reaccionó de manera inmediata y efectiva, además de que siempre mantuvieron la calma, algo que inmediatamente, por alguna razón, me hizo sentir mejor inmediatamente.

El médico tardó en llegar  algunos minutos y me examinó con menos seriedad de lo que hubiera querido, probablemente debido a que sabía lo que tenía desde el momento en que me vio, algo que, me imagino, le ha de suceder a muchos médicos.

Después de un breve examen de mis ojos y después de una medición de mi presión arterial, el médico felicitó al personal de VivaAerobus por su rápida respuesta y procedió a decirme que todo estaba bien, algo que no entendí muy bien, ya que sentí que me estaba muriendo.

El médico me dijo calmadamente que había padecido de un ataque de pánico, también conocido como ataque de ansiedad, una condición donde el cuerpo produce síntomas muy parecidos a los de un ataque al corazón, a tal grado que muchas personas diariamente terminan en el hospital al pensar que están teniendo un ataque al corazón o insuficiencia cardiaca.

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En el momento en que el médico pronunció estas palabras, como por arte de magia, comencé a sentirme mucho mejor, como si una cobija de hielo bajara lentamente desde mi cabeza hasta los pies, deshaciendo todos esos síntomas terribles que en verdad no se los deseo a nada ni a nadie.

Al terminar mi examen fui a comprar una revista, me tomé una cerveza y tuve un excelente vuelo.

Desde entonces, el ataque ha querido regresar, sin embargo, no permito que tome fuerza y se produce el mismo efecto que al encerrar a una vela encendida con un vaso.

Desde que esto sucedió, he escuchado por una extraña razón por todas partes de personas que sufren de esta condición y he hablado con algunos de ellos, quienes me dicen que aún no pueden controlar esos ataques y quienes por más que sepan qué es lo que les está sucediendo, terminan siempre por pensar que están sufriendo de un ataque al  corazón.

Esto se debe muchas veces a que al no visitar al médico, no sólo no saben cómo contrarrestar estos ataques de pánico, sino que no saben cuáles son las razones que los detonan.

El gran problema de la situación es que los ataques de pánico son aliados principales de muchas de las cosas que más nos gusta hacer a los seres humanos, como es el caso del consumo de cualquier tipo de estimulante, como el café y el alcohol, dos elementos que se tienen que dejar si queremos evitar los ataques.

 

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